Saber que no pueden convivir una quinta con verduras con la fauna silvestre, es cultura. Saber que Borges contó la muerte de Martín Fierro, es cultura; y por ahí va la propuesta. En general, necesitamos de los medios masivos de comunicación notas formadoras y reflexiones. En lo particular, de cada ciudad o zona, se necesitan mecanismos que contribuyan a mejorar lo que ocurre para hacer posible el futuro y ayudar a modelar su gente. La idea no es mostrar la cultura desde lo retórico sino vinculada a lo cotidiano y masticada por maestros y protagonistas. Para manejarnos con un horizonte más amplio. Un ejercicio intelectual que nos ayude a pensar y que nos acostumbre a discutir nuestras propias ideas, y las que hacen: al bien común, o al contexto en que vivimos. Durante los almuerzos en la planta de Toyota, en Japón o aquí cerca en Zárate, ya no proyectan para el personal videos técnicos de como ensamblar mejor los autos o ajustar correctamente un tornillo. Ahora intercalan videos sobre cultura general -ballet, pintura, filosofía, etc.- en los momentos de descanso. Los japoneses también, en su necesidad de competir, se han dado cuenta que la formación cultural y el ejercicio intelectual que ello implica hace que las personas resuelvan con un criterio superior los problemas que se les plantean. Con la velocidad de las comunicaciones actuales, el capital se desplaza de un lugar a otro del mundo en segundos. La tecnología es cada vez más barata. El gran tema, el verdadero valor agregado, es el conocimiento. Esto me recuerda la importancia que Onassis le daba a poder entenderse con las personas. Si no nos entendemos, -decía- no te puedo vender nada. Por eso hablaba, perfectamente: español, inglés, francés y, por supuesto, griego. Pero la realidad cambió y no me cabe la menor duda que si Onassis no hubiera muerto, si estuviera vivo, en lugar de lamentarse por los cambios... ya hablaría mandarín, ante la imparable emergencia china. Si Onassis tuviese un hotel, se hubiera asociado con otros de su comarca o producto y estaría buscando los clientes -interesados en su producto- en el lugar del mundo donde exista interés, "no gastando el tiempo, en publicidades que no llegan al mercado deseado". La responsabilidad de la distribución de conocimientos pasa por el Estado, por las empresas, por los educadores y los padres. No necesariamente en este orden. A la hora de construir futuro, no debemos esperar todo de parte del Estado y de los educadores. Es cierto que necesitaremos empresas innovadoras, que miren hacia el mundo y que, asociadas, tengan el tamaño adecuado de oferta para representar a cada región en la competencia mundial. Pero también es cierto que necesitarnos empresarios que tengan en cuenta la protección del ambiente, que sepan cuidar de las personas, que trabajan en sus empresas y a favor de las personas que compran sus productos. Empresarios que no se agoten en la conducción del negocio en su barrio o pueblo. Que sean capaces de pelear el mercado con quien sea -aunque la competencia, tenga menores costos-, pero con talento suficiente como para visionar y convencer éticamente, las ventajas diferenciales de su estrategia. La rentabilidad es imprescindible y debe quedar garantizada, pero la sana convivencia, inteligente, también. Me parece bueno empezar a separar empresarios de casuales propietarios de cosas, oportunistas, nuevos corsarios y bucaneros de los recursos naturales escasos. Como padres, la responsabilidad que hoy nos toca es enorme. Difícilmente enseñemos a leer si no leemos. Imposible que enseñemos a hablar bien si nosotros lo hacemos mal. No somos maestros, somos ejemplo, algo más importante que todo lo anterior. Desde nuestro lugar, primordialmente necesitamos una comunicación que ayude a reflexionar sobre un estilo de vida que fundamentalmente, le convenga a nuestra comarca, la región y el país. Me gusta apostar fuerte por una región que ayude a una Argentina positiva y ganadora. Añoro la Argentina lectora, del inmigrante que ambicionaba "su hijo el doctor" porque intuía, que más allá del título académico, estaba el panorama que abría el "conocimiento". 03/01/08
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